Hola, chicxs deliciosxs de la Rebelión Veg! Soy Carlota, vuestra aliada en esta gloriosa aventura hacia un mundo más sostenible y compasivo. Hoy quiero invitaros a mi pequeña cocina de experimentos para compartir con vosotrxs una de mis pasiones culinarias: ¡el seitán! Ah, el seitán, ese amasijo de gluten maravilloso que tantos sustos da a las personas con intolerancias al gluten… pero que tantas alegrías da a lxs que no las padecemos. ¿Os animáis a descubrir cómo hacer vuestro propio ‘carne’ vegana que sorprenderá hasta al más escéptico carnívoro? ¡Pues, delantal en mano y a cocinar!
¿Qué demonios es el Seitán?
Muchxs me preguntáis, “Carlota, ¿pero eso del seitán no será alguna invención moderna de esas?”. Pues os diré que no, compas. Si creíais que el seitán es el nuevo chico en el barrio vegano, ¡estáis equivocadxs! Esta proteína viene de lejos, tan lejos como la antigua China, donde los monjes budistas lo flipaban con este alimento por su textura ‘carnosa’ y su versatilidad. Y es que el seitán no es más que gluten de trigo hidratado, amasado y cocinado con amor y paciencia.
Empezando con el pie derecho: ¡Los Ingredientes!
Primero lo primero, necesitamos hablar de qué se necesita para embarcarse en la odisea seitánica. No es nada del otro mundo, tranquixs. Necesitaréis harina de trigo (o gluten de trigo puro si queréis saltaros el proceso de lavado), agua, y para el sabor, cualquier combinación de especias, salsa de soja, ajo, caldo vegetal, ¡las posibilidades son infinitas! Personalmente me encanta cuando queda ese toque umami que me hace pensar: «¿Estoy segura de que esto no es carne?» (Spoiler: sí, estoy segura).
Manos en la Masa: El Proceso
Imagínate que estás haciendo pan. Solo que aquí, en lugar de querer conservar todos esos lindos gases dentro, vas a golpear, amasar y lavar esa masa hasta que el agua salga transparente. ¿Suena terapéutico? Pues lo es, hasta que te das cuenta de que llevas media hora y tus manos empiezan a protestar (momento perfecto para una pausa para un snack vegano, guiño guiño).
Después del amasado y lavado, toca cocer nuestro flamante seitán. Puede ser hervido, al vapor, ¡incluso horneado! Aquí es donde la magia de las especias entra en juego y donde el seitán absorbe todos los sabores que le ofrezcamos. Experimentad sin miedo; el seitán es una esponja de sabor esperando por vuestra creatividad.
Seitán para Todos: Personalízalo a Tu Gusto
Una vez que tengas tu bloque de seitán, ¿qué haces con él? Bueno, aquí es donde se pone DIVERTIDO. Puedes cortarlo en filetes, desmenuzarlo para una boloñesa, hacer tiras para un estilo ‘pollo’, picarlo para unas albóndigas… Cualquier cosa que se te ocurra. Yo una vez hice unas nuggets que engañaron a mi primo, ferviente carnívoro, ¡y hasta repitió!
El Error es Parte del Proceso: Mis Anécdotas Seitánicas
Hay quien dice que conozco el seitán mejor que a mí misma (exageran un pelo), pero la verdad es que he tenido mis tropiezos. Como aquella vez que olvidé añadir especias y cocí un seitán tan insípido que ni mi perro quiso acercarse a él. O la vez que quise innovar y añadí demasiado líquido, acabando con un seitán más esponjoso que la cama de un príncipe. Lo importante es no rendirse y seguir intentándolo.
Now It’s Your Turn!
Y ahora, llega tu momento. ¡Lánzate a la aventura y no olvides compartir tus éxitos, dudas o desastres culinarios! Comenta aquí abajo qué te ha parecido, si tienes alguna sugerencia o alguna petición para futuras recetas. ¡Estoy deseosa de leer vuestras historias y consejos! ¡No tengáis vergüenza! Recordad, el seitán es más que un alimento, es una experiencia, así que a jugar se ha dicho.
Un besote enorme,
Carlota
